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Mi primer embarazo

Sin saberlo, mi primer embarazo iba a ser el mejor de los dos que he tenido y seguramente los únicos que tendré, porque el segundo vino con sorpresa.

Antes de quedarme en estado pensaba que un embarazo duraba 9 meses, luego aprendí que en realidad son 40 semanas, y me diréis: ¿es lo mismo, no? Sí, pero lo interesante del tema es que o sabes contar en meses o en semanas, pero por algún extraño motivo cuando aprendes a contar en semanas dejas de saber hacerlo en meses y a la inversa (al menos eso me ocurrió a mi).

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Después de mi primera falta y de un test de embarazo positivo (véase el post “¡Estoy embarazada!”) fui a mi ginecóloga y me dijo que mi FPP (que no es la Frontera de Posibilidades de Producción, ni el Frente Patriótico para el Progreso, sino la Fecha Probable de Parto) sería el día 1 de Junio del año siguiente. ¡Y así fue! A diferencia de mi, mi hija estrenó su vida en el exterior siendo puntual (no sin antes dar por el saco un rato).

El primer trimestre fue una verdadera pesadilla. Me pasaba el día con una angustia terrible porque tenía náuseas y no podía vomitar. Me encontraba igual que cuando sales mareada del coche después de un mal viaje. Además me sentía muy débil y agotada…por suerte era mi primer embarazo y tenía una ilusión desbordante, y eso me ayudó a llevar la situación mejor.

El segundo trimestre fue el mejor sin duda. Las angustias terminaron, me dejé de sentir tan cansada, no tuve migrañas y la ilusión iba in crescendo, porque obviamente cada día que pasaba faltaba menos para verle la cara a…¡la niña! (en este trimestre nos desvelaron el sexo del bebé). Yo quería un niño, pero mi marido sólo sabe hacer mujeres (sí, sí, el sexo del churumbel lo determina el hombre) y bueno, para mi consuelo, mi madre dice que las niñas vuelven a casa (claro, porque somos unas mandonas y manipulamos a nuestras pobres parejas para acabar pasando más tiempo en casa de nuestros padres y no en casa de los suegros). Las ecografías cada vez eran más claras, especialmente la de las 20 semanas. Todo parecía ir bien y habíamos entrado en una fase del embarazo más segura.

El tercer trimestre ya no fue tan bueno, pero por males menores. Me puse como una ballena (engordé un total de 21 kg, totalmente desaconsejable no por estética sino por un tema de salud), me costaba vestirme, respirar, dormir, meaba cada hora (por el día es soportable, pero por la noche es un suplicio), la nariz y los labios se me hincharon, me salieron varices en las piernas y estaba ansiosa por acabar con el embarazo (a pesar de que una vez acabado te das cuenta de lo bien que vivías durante aquel periodo, con todo el tiempo del mundo para uno mismo y recibiendo mimos y atención por doquier)

Pero, como he dicho, esta etapa de 40 semanas llegó a su fin un sábado 1 de Junio después de un parto que recuerdo como horrible hasta que me pusieron la epidural (inyección a la que renuncié en plan súper woman cuando llegué al hospital, pero que más tarde pedí a gritos a lo niña del exorcista) y dio lugar a otra etapa que nada tiene que ver con la teoría y de la que únicamente se puede hablar a través de la práctica personal que cada uno vive y percibe de manera muy distinta: la maternidad.

He aquí  un breve resumen de como viví mi primer embarazo.

Y vosotros, inquietos, ¿qué expectativas tenéis puestas en este periodo o cómo vivisteis esta etapa?

 

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