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A ratos me convierto en Cenicienta

Bien saben mis amigos y aquellos que me conocen que la princesa que mejor me ha representado hasta el momento ha sido Aurora, más conocida como “La bella durmiente“. Siempre en busca del príncipe azul y durmiendo como un lirón (en su día incluso tuve un bicho de estos, ¡teníamos taaaaanto en común!). Pero hoy ya poco queda de Aurora en mi.

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Al final encontré a mi príncipe azul y su beso me ha desvelado tanto que ahora en “palacio” nuestros días son una fiesta y siempre van seguidos de una “rave” que continúa hasta altas horas de la noche. Las “enanitas” tienen cuerda para rato y justo nos han tocado: Tímido, Mocoso y Gruñón (versión femenina). Ya nos podría haber tocado Dormilón (al menos una de las tres).

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Se acabó lo que se daba, últimamente me siento Cenicienta, siempre mirando el reloj porque a según que horas el hechizo termina y se arma la de San Quintín. Nos vemos obligados a llevar rutinas con horarios fijos para que la magia no se vaya al traste.  Llevo un ritmo que cualquier día pierdo un zapato (eso sí, un zapato cómodo porque ahora soy incapaz de llevar tacones o zapatos de cristal). Mis ropas acaban hechas un asquito cada día y las tareas de la casa se amontonan. No llego a todo a pesar de tener varias hadas madrinas. No es fácil ni tiene por qué serlo, sólo que hay que aceptar que se trata de un cambio de cuento.

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Aunque no os voy a negar que a ratos me iría a una montaña, para no explotar, mientras canto por el camino “let it gooooo, let it gooooo” a lo Elsa de Frozen. Pero por otro lado, cuando me escapo para despejar mi cabeza y dejo a las “enanitas” con alguien, no consigo disfrutar 100% del momento…¡ni “Hakuna Matata” ni leches! Me siento como rara (vale, las 2 primeras horas no). No consigo disfrutar por preocupación (a pesar de que estén en buenas manos), porque aunque crea que, con moderación, es importante tener ratitos para una misma me invade un sentimiento de culpa terrible. Supongo que parecido al que invadió al padre de Hansel y Gretel cuando los abandonó en el bosque (modus exagerandus on). ¿Soy la única que se siente así?

Bueno ya voy terminando el post con eso del “colorín colorado“, pero creedme, este cuento no se ha acabado y esperemos que cuando lo haga venga acompañado de un final feliz. Ya sabéis, ¡por pedir que no quede!

Mamá inquieta

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